Este mes de noviembre, inicia una nueva campaña de colportaje, en la que jóvenes, adultos y familias enteras se preparan para salir a las calles con un mismo propósito: compartir esperanza a través de los libros. En un mundo que busca respuestas en medio de la incertidumbre, el colportaje sigue siendo una poderosa herramienta para llevar el mensaje de Dios a los hogares, a las plazas y a los corazones, de la que puedes formar parte.
El pastor Marcelo Frazão, director de Publicaciones de la Unión Española, lo resume con una frase que refleja el espíritu de esta misión: “Cada libro entregado es una semilla de fe que el Espíritu Santo puede hacer florecer”. Este llamado, más vigente que nunca, invita a nuevos colportores a unirse a una experiencia donde la fe se pone en acción y el amor de Dios se hace visible.
Durante la última campaña de verano, celebrada en Barcelona, un grupo de jóvenes dedicó sus vacaciones a colportar. No llevaban consigo grandes discursos, sino palabras de ánimo, oración y recursos llenos de esperanza. Lo que comenzó como un proyecto evangelístico se convirtió en un testimonio viviente del poder de Dios, actuando en medio de las calles, los parques y los hogares.
Una sonrisa que cambió una vida
Entre las historias más conmovedoras está la de Silvia Sandoval, una colportora que transformó un simple encuentro en un milagro. Durante semanas trabajó en la misma zona de Barcelona, saludando con amabilidad a cada persona. Un día, una mujer llamada Julia se acercó a ella, le confesó que la había observado varias veces y que deseaba saber qué hacía con los libros. Silvia le explicó el propósito de su ministerio y el contenido de cada material, hasta llegar al libro El camino de la felicidad. En ese momento, Julia exclamó emocionada: “¡Es esto! Esto es lo que hace que tengas esa luz especial. Tu sonrisa y tu mirada transmiten paz y esperanza”.
Al escuchar el mensaje del libro El camino de la felicidad, Julia rompió en llanto. Confesó que atravesaba una profunda depresión y había intentado quitarse la vida. Silvia la abrazó, oró con ella y le regaló el libro. Esa tarde, no solo alcanzó su meta diaria, sino que vio cómo una vida era tocada por el amor de Dios. Una sonrisa abrió el cielo para una mujer que necesitaba esperanza.
De la oscuridad a la luz: el milagro de Miguel Ángel
Otro testimonio impactante es el de Miguel Ángel Lago, un hombre cuya vida parecía marcada por la tragedia. Huérfano desde niño, sufrió abusos y varios intentos de suicidio. Pero incluso en medio del dolor, Dios tenía un plan. Después de un grave accidente y una recuperación casi imposible, Miguel Ángel volvió a caminar y, tiempo después, a creer. En 2019 superó un cáncer de pulmón y comenzó a sentir el llamado de reconciliarse con Dios. Fue en una iglesia adventista de Barcelona, durante una campaña de colportaje, donde su vida cambió para siempre. Escuchó un mensaje que parecía dirigido solo a él, y ese día decidió entregarse a Cristo.
Su historia demuestra que los milagros no pertenecen al pasado: ocurren cada día, cuando alguien responde al llamado divino.
Tú también puedes ser parte del milagro
Estos testimonios son mucho más que relatos inspiradores: son una invitación. Cada libro entregado, cada palabra compartida, puede ser el comienzo de una nueva historia. En noviembre comienza una nueva campaña de colportaje en España, y necesitamos manos dispuestas, corazones valientes y con pasión por servir.
El colportaje no es solo una forma de evangelizar; es una experiencia transformadora. Enseña a depender de Dios, a desarrollar empatía, a superar el miedo y a descubrir el poder de una oración compartida. Ser colportor es ser misionero en movimiento, un sembrador de esperanza en medio de un mundo que clama por luz.
¿Y si este fuera tu momento? Dios sigue buscando instrumentos para llevar Su mensaje. Tal vez el próximo testimonio que inspire a otros sea el tuyo.
Si sientes el llamado, únete a la próxima campaña de colportaje en España a través del teléfono +34 642 67 84 70. Porque aún hoy, Cristo sigue transformando vidas a través de quienes se atreven a servir.