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¿Por qué nos enfermamos?

Adrián Diel

Desde hace varios años mi esposa asevera que Jesús era médico (esa es su profesión), mientras yo respondo que era fisioterapeuta por el tipo de curaciones que realizaba. La Biblia enumera una gran cantidad de milagros relacionados con la restauración de la marcha y la postura. Por ejemplo, habla de la mujer que fue sanada después de 18 años (Lucas 13:10-13), el hombre discapacitado en el estanque llamado Betesda cuya capacidad para caminar fue restaurada después de 38 años de inmovilidad (Juan 5), la curación del hombre de la mano seca (Marcos 3), y el hombre discapacitado que sus amigos bajaron por el techo (Marcos 2), entre otros.

Independientemente del tipo de milagro de sanación realizado por el Salvador, todos ellos estaban cubiertos por un manto de misericordia, empatía y amor. Estas características se aplicaban a aquellos en su redil y a todos los que creían en él. Como afirmó Elena G. White en Consejos para la Iglesia: "Anduvo constantemente haciendo el bien por todas partes."1 La gente acudía al Señor con todo tipo de dolencias, no sólo físicas sino también emocionales. El apóstol Juan nos asegura que Jesús también tiene el poder de quitar el pecado del corazón (1° Juan 3:5).

Uno de los ejemplos más claros de esto fue la curación del paralítico cuyos amigos bajaron desde el techo. Las primeras palabras de Jesús al hombre fueron: '"Tus pecados te son perdonados'" (Marcos 2:3-5).2 Además de brindarle curación física, Jesús liberó a esta persona de una enorme carga emocional.

Mateo 15 dice: "Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel." (vers. 30, 31). Estos milagros están relacionados con lo que hoy conocemos como "rehabilitación".

Leer sobre la obra de Jesús mientras estuvo en la Tierra nos ayuda a comprender la variedad y cantidad de patologías que existían en ese momento. Aunque muchos factores (incluida la dieta) eran diferentes, había menos contaminación química, más alimentos no procesados y un estilo de vida más natural. Si contrastamos aquella forma de vida anterior con la nuestra actual, surge un gran enigma: ¿De dónde vienen las enfermedades? A pesar de los avances médicos y tecnológicos, ¿por qué no hemos logrado erradicar o prevenir estas enfermedades? ¿De dónde surgen las enfermedades que aparecen espontáneamente o sin causa conocida (denominadas "idiopáticas")? ¿Por qué las personas enferman a pesar de llevar una dieta saludable, hacer ejercicio a diario, beber agua y realizar todas las actividades que la medicina occidental considera necesarias para una vida larga y saludable?3

Hace algún tiempo tuve un paciente de 40 años que sufrió un ictus isquémico. Era deportista, seguía una dieta vegetariana, dormía ocho horas cada noche, no tenía antecedentes médicos relevantes y tenía un índice de masa corporal (IMC) saludable de 22,4. Sus exámenes de control de laboratorio estaban dentro de los valores óptimos, acorde a su edad y condición física. Al principio me pareció un incidente aislado, pero me di cuenta que había visto varios casos similares a lo largo de mi carrera. Tenía muchas preguntas: ¿Cuáles eran las causas de esto? ¿Qué faltaba en el estilo de vida de mis pacientes? ¿Por qué ocurrían estos eventos en personas aparentemente sanas?

Después de realizar un análisis en profundidad de estos casos, observé que todos tenían algo en común: Antes que se desencadenara el ictus, mis pacientes habían sufrido un evento de alto impacto emocional, como la muerte de un familiar cercano, graves problemas legales o económicos, o divorcio, entre otros factores.

En su trabajo de investigación "El estrés laboral, un factor de riesgo para el ictus", César Alfredo Martínez Plaza contrastó la relación directa entre el estrés laboral, independientemente de la profesión, con la aparición de un ictus.4

Asimismo, Manolete Moscoso, en su investigación titulada "De la mente a la célula: impacto del estrés en psiconeuroinmunoendocrinología", describe el impacto negativo del estrés crónico en los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico, así como su papel en la aparición de varias enfermedades. Además, Moscoso muestra cómo el estrés crónico produce un desequilibrio bioquímico que conduce al desarrollo de diversas enfermedades inflamatorias y metabólicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.5

Otro estudio, realizado por Bruce S. McEwen, también afirma que el estrés altera el equilibrio homeostático del organismo. Los efectos acumulativos del estrés crónico dan como resultado la transformación de los mediadores fisiológicos de la respuesta al estrés del cuerpo, incluidos el cortisol, la adrenalina, la insulina, la vasopresina, las endorfinas y las citocinas. El estrés crónico puede aumentar perjudicialmente la producción de estos mediadores o provocar una liberación insuficiente en el cuerpo.6

Consideremos lo que nos dicen las Sagradas Escrituras y los escritos de Elena G. White sobre el origen de las diferentes dolencias y enfermedades que han afligido al ser humano desde el comienzo del pecado en nuestro planeta. White describió los factores que posibilitan la aparición de una enfermedad. Uno de los más conocidos se encuentra en Mente, Carácter y Personalidad, tomo 1: "nueve de cada diez enfermedades se originan en la mente".7 Esta autora describió varios factores predisponentes para el origen de la enfermedad, como las dificultades en el hogar, el remordimiento, la creencia en doctrinas erróneas y puntos de vista distorsionados sobre el carácter de Dios.8 Estas ideas se correlacionan perfectamente con lo que David escribió en el Salmo 32:3: "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día". El remordimiento por su pecado estaba enfermando a David. Otro ejemplo claro de esto se puede encontrar en Proverbios 17:22, que dice: "El corazón alegre constituye buen remedio, más el espíritu triste seca los huesos".

Si comparamos Proverbios 17:22 con lo que la ciencia ha descubierto hasta la fecha, podríamos asociar ese "espíritu triste" con una condición emocional (depresión, ansiedad, tristeza persistente, etc.) que de alguna manera produce una condición física. En un ejemplo actual, los estudios muestran que ha habido un desarrollo relativamente frecuente de metástasis óseas secundarias al cáncer de pulmón.9 Las investigaciones indican que la principal causa del cáncer de pulmón es el tabaquismo,10 que a su vez está estrechamente relacionado con la depresión,11 una enfermedad o trastorno mental que, según la Organización Mundial de la Salud, se caracteriza por una profunda tristeza. 12 Es decir, la depresión es el factor intrínseco más importante a la hora de iniciar el consumo de nicotina,13 que al ser ingerida a través de fumar, vapear y mascar tabaco provoca cáncer de pulmón y otras enfermedades.14 Si dibujamos esto en una línea de tiempo, se vería así: la depresión conduce al consumo de tabaco, incluido fumar cigarrillos y vapear, lo que conduce al cáncer de pulmón (así como a otras enfermedades). El cáncer de pulmón provoca metástasis óseas, que provoca la muerte.

Si bien "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23), es difícil creer que el Dios amoroso que conocemos se comportaría de una manera tan injusta, castigando al pecador con la muerte. Sería el equivalente a decir: "Si no haces lo que te digo, te mataré". En este tipo de postulaciones, ¿dónde tendría cabida el libre albedrío? La muerte se produce en muchos casos por decisiones humanas, por la alteración de las leyes naturales o por la falta de amor propio.15 Las consecuencias del pecado sobre el cuerpo humano son innumerables; una de ellas es la alteración del buen funcionamiento del organismo. ¿Qué pasaría si, por ejemplo, pusiéramos agua en un vehículo diseñado para funcionar con gasolina? Ese error arruinaría el motor. En este caso, ¿es el fabricante del vehículo el responsable de este mal funcionamiento o la culpa es del usuario? ¿La destrucción del vehículo se debe a un mal uso por parte del conductor, o a que el diseñador del vehículo decidió castigar al usuario?

¿Por qué nos involucramos en actividades que nos dañan? ¿Por qué ignoramos las instrucciones de la Biblia sobre el cuidado de nuestro cuerpo?

Primero, recordemos que nacemos en pecado (Salmo 51:5). También debemos entender que el enemigo está disfrazado de un encanto lujoso y llamativo para hacer que las actividades, costumbres, bebidas, alimentos y prácticas pecaminosas parezcan atractivas y divertidas.16 Sin embargo, en última instancia estas cosas nos dañan, nos llevan a una destrucción segura y nos separan del plan de Dios para nuestras vidas.

Elena G. White expuso el origen de las enfermedades como resultado del comportamiento pecaminoso, la desobediencia a las leyes de la vida y la salud, y los trastornos mentales.17 A veces, un estado mental alterado inevitablemente enfermará al cuerpo. El cerebro es un órgano que, como cualquier otro, debe ser nutrido, cuidado y entrenado. Cuando enferma, esto afecta a todo el organismo. Si el cerebro se enferma y el problema no se aborda de inmediato, con el tiempo, inevitablemente enfermará el cuerpo, y viceversa. Somos seres completos (espíritu, alma y cuerpo entrelazados).18

Si bien los avances tecnológicos se han dado a pasos agigantados, la ciencia hasta la fecha no ha podido demostrar el origen de varias enfermedades. Tal es el caso de las enfermedades autoinmunes (que ocurren cuando el sistema inmunológico de un individuo lesiona el propio cuerpo) e incluso la depresión. Aunque las investigaciones han descubierto una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales que predisponen a las personas a la depresión,19 se desconoce su inicio específico y el motivo de sus desequilibrios. Además, los posibles factores varían entre las personas que padecen tales afecciones.

Mientras evaluamos esta información, ¿por qué, a pesar de todos los avances científicos y los siglos de investigaciones realizadas por diferentes estudiosos, la ciencia aún no ha podido descubrir el origen exacto de muchas enfermedades humanas? ¿Cuáles son los factores que dificultan este tipo de investigación? Desde el punto de vista humano, existen infinitas explicaciones a estas cuestiones, algunas con sustento científico, otras meras especulaciones. Podríamos inferir que este "origen" de muchas de ellas se encuentra en algún lugar del cuerpo humano, pero es imposible medir, evaluar o examinar esta teoría con nuestras herramientas de diagnóstico actuales.20

Más de un siglo después que Elena G. White afirmara que las enfermedades a menudo son el resultado de conflictos emocionales no resueltos, estrés, o traumas, las investigaciones actuales han comenzado a respaldar sus afirmaciones.21 Además, los estudios sostienen que si estos problemas no se resuelven a tiempo, o no se realizan los tratamientos adecuados, dichos factores desencadenarán enfermedades físicas agudas y crónicas. Estos nuevos puntos de vista, algunos alineados con la medicina tradicional, otros completamente opuestos, necesitaron más de 100 años para demostrar y afirmar lo que Dios había revelado sobre los orígenes de las enfermedades.

Los adventistas son portadores de innumerables verdades, y todo seguidor de Cristo debe ser consciente de estas verdades y ser obediente a ellas. Los consejos dados hace mucho tiempo a través de la Biblia y los escritos de Elena G. White, y más recientemente de la investigación científica moderna, deben compartirse con el mundo, no sólo para nuestro propio cuidado, sino también para el cuidado de los demás.22

ALGUNOS DATOS ACTUALES

En diciembre de 2019, el virus COVID-19 comenzó a propagarse dramáticamente por todo el mundo. Se estima que el agresivo virus que devastó muchas vidas fue la causa de más de siete millones de muertes.23 Según la investigación realizada por Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de EE. UU., algunos de los factores más comunes que predisponen a la infección grave por COVID incluyen cáncer, enfermedad renal o hepática, diabetes, depresión, infección por VIH, estilo de vida sedentario, obesidad, fumar, y abuso de sustancias.24 Muchos de estos factores están asociados a un estilo de vida disonante con lo que el Señor nos pide en cuanto al cuidado de nuestro cuerpo.

Nuestro Creador nos hizo a su imagen y semejanza, pero el pecado intervino, distorsionando permanentemente esa imagen. No enfermarnos es casi imposible en un mundo inundado de pecado, pero si alguna vez enfermamos, recordemos las palabras de Elena G. White: "nueve de cada diez enfermedades tienen su origen en la mente". Si pensamos en qué emociones nos angustian y desgastan nuestra energía mental, podremos erradicar la raíz de muchos problemas. Una de las estrategias más efectivas es tomarse el tiempo para percibir cómo nuestro cuerpo se ve afectado por situaciones estresantes. Podemos identificar las partes específicas del cuerpo (abdomen, estómago, zona lumbar, cuello uterino, o cabeza, por ejemplo) que cambian o producen dolor debido al estrés, emociones negativas, etc. Este conocimiento nos ayudará a abordar y reducir los efectos de conflictos, estrés y traumas en el cuerpo.

Como dice el conocido consejo: "Más vale prevenir que curar". Cualquiera que sea la situación, el Señor nos ha dado las herramientas, los ejemplos y el fundamento necesario para abordar tanto nuestras propias dolencias como las de otras personas. La dificultad radica en descubrir la causa específica y el tratamiento adecuado de una afección, antes de que se convierta en una enfermedad crónica.

La primera medida que debemos tomar para afrontar este tipo de enfermedades es la oración, pidiendo ayuda divina para gestionar la situación que nos angustia. Luego, debemos pedir ayuda a un profesional capacitado y evaluar cómo se compara nuestra vida con el modelo establecido por nuestro Creador. Además, tal como lo haríamos con otras personas, debemos tratar nuestro cuerpo con amor, compasión y cuidado, nutriéndolo, entrenándolo y educándonos sobre una salud física y mental óptima.

Si conocemos a alguien que está enfermo o que lucha con su estado mental, podemos, de manera amable, compartir con él/ella información sobre cómo resolver la ansiedad y recomendarle que busque asesoramiento profesional si se siente abrumado.

BENEFICIOS FÍSICOS Y EMOCIONALES DE LA GENEROSIDAD

La generosidad es una cualidad maravillosa que no sólo beneficia a quien la recibe, sino también a quien la practica. Cuando somos generosos con nuestro tiempo, cariño y atención, no solo mejoramos la vida de los demás sino que también fortalecemos nuestra propia salud física, emocional y psicológica.

Un claro ejemplo bíblico de generosidad compasiva es la interacción de Dios con Elías cuando éste luchaba contra la depresión (1° Reyes 19:3–18). En lugar de decirle que orara más, que tuviera fe o que "aguantara", Dios envió un ángel para consolarlo mientras descansaba. Muchas veces, este tipo de generosidad es la forma más eficaz de ayuda a los afectados, tal vez ayudándolos con una tarea doméstica o haciéndoles recados, haciéndoles compañía, orando en silencio por ellos o simplemente escuchando sin intentar intervenir. La enfermedad, incluida la depresión, a menudo implica un proceso interno que las personas deben experimentar en su propio tiempo, excepto cuando la gravedad del caso amerita una intervención o existe la posibilidad de un daño mayor debido a la inacción.

CONCLUSIÓN

"Para los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28). Puede resultar difícil entender en este momento que una dolencia o enfermedad puede traer algún bien. Sin embargo, si corregimos los hábitos y problemas iniciales que desencadenan una enfermedad, podemos mejorar nuestra calidad de vida y fortalecer nuestro carácter para alcanzar la vida maravillosa que Dios quiere que podamos experimentar.

Adrián Diel (Maestría en Gerenciamiento en Sistemas de Salud, Universidad de Buenos Aires, Argentina), es director del Centro de Rehabilitación Elite Care en Entre Ríos, Argentina. También tiene un posgrado en Kinesiología y es especialista en Cuidados Críticos y Neurorrehabilitación y profesor universitario en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Barceló y la Universidad Adventista de Montemorelos. Su email es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Citación Recomendada

Adrián Diel, "¿Por qué nos enfermamos?," Diálogo 36:3 (2024): 5-9

NOTAS Y REFERENCIAS

1. Elena G. White, Consejos para la Iglesia (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1991), 560.

2. Los textos bíblicos de este artículo provienen de la Versión Reina-Valera 1960 de la Biblia. Reina-Valera 1960 ® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso.

3. Mauricio Blanco Molina, María Dolores Castro-Rojas, y Raúl Ortega- Moreno, “Envejecimiento saludable: un primer acercamiento a la revisión de indicadores subjetivos de salud en zonas urbanas y rurales en Costa Rica”, Interdisciplinaria: Revista de Psicología y Ciencias Afines 40:2 (2023): 281–298. https://www.redalyc.org/ journal/180/18074619018/html/ .

4. César Alfredo Martínez Plaza, “Estrés laboral, factor de riesgo de accidente cerebrovascular”, Gestión Práctica de Riesgos Laborales, 50 (2008): 14–22. https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=2908005.

5. Manolete S. Moscoso, “De la mente a la célula: impacto del estrés en psiconeuroinmunoendocrinología”, Liberabit Revista Peruana de Psicología 15:2 (2009): 143–152: http://www.scielo.org.pe/scielo. php?script=sci_arttext&pid=S1729-48272009000200008.

6. Bruce S. McEwen, “Protective and Damaging Effects of Stress Mediators: Central Role of the Brain”, Dialogues in Clinical Neuroscience, 8:4 (diciembre de 2006): 367–381: https://www.ncbi. nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3181832/

7. Elena G. White, Mente, carácter y personalidad (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1989), 1:59.

8. Ibíd.

9. A. J. Garbayo et al., “Enfermedad ósea metastásica. Diagnóstico y tratamiento”, Anales del sistema sanitario de Navarra 27:3 (2004): 137-153. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_ arttext&pid=S1137-66272004000600014&lng=es&nrm=iso.

10. Juan W. Zinser, “Tabaquismo y cáncer de pulmón”, Salud Pública de México 61:3 (mayo-junio de 2019): 303–307. https://doi. org/10.21149/10088.

11. Ana Moreno Coutiño y María Elena Medina-Mora Icaza, “Tabaquismo y Depresión”, Salud Mental 31:5 (septiembre/octubre de 2008): 409–415 : https://www.scielo.org.mx/ scielo.php?script=sci_artte xt&pid=S0185-33252008000500009; American Lung Association, “Behavioral Health and Tobacco Use Rates” (actualizado el 31 de Mayo de 2023): https://www.lung.org/quit-smoking/smoking- facts/impact-of-tobacco-use/behavioral-health-tobacco-use.

12. Organización Mundial de la Salud, “Depresión” (31 de marzo de 2023): https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ depression.

13. Elisardo Becoña y María Carmen Míguez, “Consumo de tabaco y psicopatología asociada”, Psicooncología 1:1 (2004): 99–112: https://core.ac.uk/reader/38820200.

14. American Cancer Society, “Riesgos para la salud debido al tabaquismo” (sin fecha): https://www.cancer.org/es/cancer/ prevencion-del-riesgo/tabaco/riesgos-para-la-salud-debido-al- tabaquismo/fumar-tabaco.html.

15. Elena G. White, Mente, carácter y personalidad, 2:591.

16. _____________, Cristo triunfante (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1999), 23.

17. Véase Elena G. White, Testimonios para la Iglesia (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1999), 5:420; y ,_______ Mente, carácter y personalidad, 1:59.

18. _______________ Consejos para la Iglesia, 181.

19. Jordi Fernández Castro y Silvia Edo Izquierdo, “¿Cómo influye el control percibido en el impacto que tienen las emociones sobre la salud?” Anales de Psicología 10:2 (1994): 127–133. https://revistas. um.es/analesps/article/view/29551.

20. Josefina Goberna Tricas, “La Enfermedad a lo largo de la historia: Un punto de mira entre la biología y la simbología”, Index de Enfermería 13:47 (2004): 49–53: http://scielo.isciii.es /scielo. php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962004000300011&lng= es&nrm=iso.

21. Merlin D. Burt. “Ellen G. White and Mental Health” (2011), Andrews University, http://hdl.handle.net/20.500.12424/215067.

22. Denis Fortin, Understanding Ellen White: Chapter 8: https://m. egwwritings.org/en/book/13959.631.

23. Organización Mundial de la Salud, “Number of COVID-19 Deaths Reported to WHO (Cumulative Total)”: 7,051,876 (última actualización el 16 de junio de 2024): https://data.who.int/ dashboards/covid19/deaths?n=o.

24. U.S. Centers for Disease Control and Prevention, “Underlying Medical Conditions Associated With Higher Risk for Severe COVID- 19: Information for Healthcare Professionals” (actualizado el 12 de abril de 2024): https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/ clinical-care/underlyingconditions.html.

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